hablar-bien-negocios8 Maneras Para Comunicarnos Mejor

De manera general, reservamos el espacio de GrupoEnroke.com para artículos e investigaciones netamente empresariales. Este artículo es la excepción. No es un artículo que tenga consejos empresariales ni investigaciones relevantes a estrategias de crecimiento empresarial. De todas formas, nos parece importante que en los negocios, como en la vida en general, la palabra sea usada de forma correcta, porque como nos comunicamos es una representación de como pensamos.

Para los líderes empresariales la facilidad de palabra y la capacidad de comunicar sus ideas, pensamientos, y visión es fundamental. Por esto, esperamos disfruten el siguiente análisis de maneras para comunicarnos mejor.

 

¿Cómo comunicarnos mejor?

Las siguientes líneas fueron inspiradas por un comentario publicado en las redes sociales por Estefanía Jurado, quién se refirió al uso del verbo “HABER” en nuestro país. Debo aclarar que no soy un experto en la lengua española y no pretendo criticar el uso vigente de la lengua. Sin embargo, siempre me gusta cuestionar el “¿por qué?” de las cosas. Y una pregunta que tuve hace algunos años fue, ¿por qué hablamos como hablamos?

Cuando tenía once años conocí a un amigo, cuyos padres, de origen chileno, no le pedían, como mis padres (ecuatorianos y muy quiteños) en ese entonces, que les responda “mande” cada vez que le llamaban para hacerle una solicitud o petición. Me llamó mucho la atención este particular, por lo que decidí preguntarle a la madre de mi amigo porqué no les pedía a sus hijos que le respondan “mande” (o, “mande mamita” o “mande papito” exacerbando el diminutivo y por ende la expresión servil).

La respuesta que me dio su madre fue que “mande” es un modo servil usado por los indígenas a solicitud de los colonizadores españoles para denotar humillación, súplica, sumisión, e inclusive pusilanimidad. La respuesta me intrigó y decidí plantearla a mis padres, quiénes supieron aceptar mis argumentos (en ese entonces adquiridos) y jamás volvieron a pedirme que use dicha palabra.

Sucede, dice Jorge Enrique Adoum, en la sección “La Degradación Moral de la Palabra” de su libro Ecuador: Señas Particulares, “que el lenguaje es un autorretrato oral: así como cada uno tiene la cara que se merece, cada uno tiene el lenguaje que le corresponde”.

Hablar y escribir bien no es cuestión de ignorar o no la gramática. Creo que es también cuestión de poseer mejores niveles de entendimiento, que llegan a influir inclusive los niveles de autoridad de las sociedades (las leyes se escriben en palabras). De esta forma, el hablar y escribir bien no solo ayuda a formar una sociedad más culta y justa, sino también a que pensemos y nos comuniquemos de forma más lógica, y a que nos hagamos acreedores del lenguaje que nos corresponde.

Hay quienes defienden su ignorancia frente al mal uso del lenguaje con los argumentos de que todo el mundo usa tal o cual forma del lenguaje, o con el típico argumento trillado: “con tal que me entiendan…”. Otros, advierten que la Real Academia de la Lengua eventualmente aceptará las corrupciones del lenguaje, y por ende, está bien usar formas novedosas de expresión.

Sin embargo, como lo advierte Adoum, la popularidad y la frecuencia, (¿y la ignorancia?) no son los únicos requisitos para declarar a las palabras o modismos comúnmente usados en una sociedad como parte del lenguaje. Creo, que las personas debemos tomar en cuenta también el sentido común y las afectaciones sociales.

1. El uso del verbo VER: “¿Qué estás haciendo ve?” es una expresión común que transforma al verbo “ver” en un pronombre, como por ejemplo, ¿qué estás haciendo Juan? Asimismo, el uso de “oye, ve” expresa no solo un llamado al pronombre, sino que potencialmente también puede referirse a que oigamos y veamos algo. En el país se aprecia el uso del verbo VER en varias formas incorrectas como, “ve, Juanito” o la más practicada, “Vos si que eres ve”, que definitivamente acaba con las explicaciones. El verbo VER se usa para percibir algo con los ojos, observar, considerar algo, mas no para expresar la existencia de una persona, objeto o idea, o una palabra cuyo referente depende del contexto lingüístico, como es el caso de los pronombres.

2. El uso del verbo HABER: “Hubieron varios muertos”. “Hubieron derrumbes”. “Hubieron accidentes”, y un sinnúmero de usos plurales del verbo haber, como “ojalá que hayan (o muchas veces peor: haigan) vacaciones”. El plural del verbo “haber” existe solo como verbo auxiliar y NO cuando denota existencia. Hay un muerto o varios muertos, hubo un muerto o varios muertos. Ojalá haya vacaciones. Es cuestión de lógica.

3. El uso del pronombre VOS: el voseo, como se lo conoce popularmente, se da cuando se utiliza el pronombre VOS como segunda persona de singular, remplazando al TÚ. Sin embargo, en el Ecuador, y en algunos otros países, se olvida la concordancia y se lo utiliza con la misma conjugación que corresponde a tú. “Vos eres”, envés de “vos sos”. Este es un tema debatido y hasta aceptado en países como Uruguay (en Argentina se usa primordialmente el “vos”). Sin embargo, practicar la concordancia se dificulta por lo que en Chile, el rector de la Universidad de Chile, hizo una campaña en la década de los 70 para eliminar el voseo. El voseo en España es inexistente. Es cuestión de concordancia.

4. El uso del verbo DAR: “dame haciendo”, “dame lavando los platos”, “dame sacando el carro” y demás son de uso cotidiano, especialmente en la sierra. “Dar”, el verbo que denota la acción de transferencia, se convierte incorrectamente en una solicitud. “Lava los platos” o “saca el carro” suenan, a decir de los que usan estas expresiones, groseros, aunque correctos. Usar el verbo “dar” para solicitudes, así como “mande” para preguntar qué son expresiones que agravan la sumisión de nuestro idioma. Tratemos de hacer solicitudes sin el verbo dar y vamos a ver como se enriquece nuestro lenguaje.

5. El uso del verbo DEBER: quizá por la popularidad de las novelas mexicanas, en Ecuador se ha puesto de moda el “debe de” usado generalmente en ese país, como por ejemplo, “deben de cumplir con la ley”. Sin embargo, generalmente se lo utiliza de forma incorrecta.

    1. "Deber" + infinitivo implica obligación: "Debes trabajar para salir adelante"
    2. "Deber de" + infinitivo implica posibilidad: "Debe de estar lloviendo"

De todas formas, la Real Academia, considera correcta la supresión de la palabra “de”; en cuyo caso, “debe estar lloviendo” también es correcto. Para entender de mejor manera esta expresión es importante pensar en lo que significa, por ejemplo: “tienes que trabajar para salir adelante” posee el mismo significado que el ejemplo (a) y por lógica no se usaría “debes de”. Por el contrario, en el segundo caso, no es lo mismo “tiene que estar lloviendo” que “posiblemente está lloviendo” (lo que implica “debe de”). Para evitar errores, es más fácil eliminar el “de” del uso cotidiano.

6. El uso ignorante de modismos: nuestras raíces indígenas nos deberían llamar a rescatar el lenguaje y la sabiduría milenaria. El gobierno ha hecho un gran esfuerzo por traducir programas y documentación al quichua (por cierto, y para despejar las dudas, la lengua usada en el Ecuador es quichua, no quechua, ya que éste último es el hablado por algunos indígenas en Perú y Bolivia). A pesar de que creo que es importante que rescatemos muchas de las palabras quichuas como parte de nuestra identidad, también uso la misma lógica del sentido común y la concordancia. De esta forma, creo que quichuismos como “ayayay”, “achachay”, “guambra”, “guagua” y otras similares son plenamente aceptables ya que implican lo que su significado quichua dice y no son términos peyorativos. Por el contrario, cuando las palabras quichuas se transforman (neologismos) u otras palabras sin sentido son creadas, y como cualquier palabra en español son usadas sin criterio y de forma exacerbada, dañan la comunicación.

 

Por ejemplo, el uso de la palabra “acholar”. A pesar de estar aceptada por la Real Academia, y a pesar de que etimológicamente proviene de la palabra “cholo”, no debería implicar avergonzarse. Cholo es un mestizo o un indio que adopta usos occidentales. ¿Por qué entonces “acholar” (como hacerte indio o hacerte mestizo) debe implicar avergonzarse?

Asimismo, ¿por qué avivarse significa querer aventajarse, envés de dar más vida? Y dejo a su criterio, sin mayor explicación, otros términos que no tienen sentido, como: chuchaqui, chumado, elé, chiro, cucho, cachas, pluto, etc.

7. El uso de los diminutivos: un conocido de otro país de América del Sur estaba molesto porque al tomar el bus, una señora le dijo: “no sea malito joven, puede dar cerrando la ventanita”. Su primer comentario fue: ¿por qué me dicen malito?, ¿por qué soy malo si la ventana ya estaba abierta? Y, luego vino su análisis: ¿malito?, ¿ventanita? ¿Por qué usan tanto los diminutivos los ecuatorianos? Una vez más, aunque mayormente en la sierra, la tendencia a usar muchas palabras en diminutivo tiene sus raíces en la colonia. Sin embargo, perpetuar el uso exacerbado de los diminutivos en la actualidad no tiene excusa.

8. La mala pronunciación: las expresiones que muchas veces llaman nuestra atención por la forma en la que alteran el correcto hablado:

INCORRECTO vs. CORRECTO

  • a.concecto = concepto
  • b.vistas = vista
  • c.está lluviendo = está lloviendo (verbo llover no lluver)
  • d.nadien = nadie
  • e.vistes = viste (estas conjugaciones no terminan con “s”: Recordemos “me”, “te”, “le”, “los”, “las”. Las únicas que terminan con “s” son: “los”, “las”)
  • f.pugta = puta (tal vez con el afán de hacer más daño con los insultos, algunas personas se encargan de pronunciarlos mal)

Estas observaciones son solo algunas expresiones que usamos los ecuatorianos en nuestro diario vivir, y que continúan limitando nuestra capacidad de expresión y por ende de pensamiento. Mejoremos nuestras expresiones y así también hagámonos acreedores al lenguaje que nos merecemos.

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